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Joanna Di Grigoli, la pequeña gigante del parapente venezolano

4 de marzo de 2015


Joanna Di Grigoli, la pequeña gigante del parapente venezolano

Por: Armando Robledo


El mundo, en general, a lo largo de la historia del ser humano, ha sido dominado por los hombres. Nuestra fuerza, tamaño, agresividad natural y nuestra incapacidad de gestar y dar a luz, son características inherentes al género, que nos dieron cierto lugar en la evolución. Pero ese lugar es relativo. Y toda esa fortaleza sobre la que hemos construido nuestra superioridad, es cada día más relativa.


Inevitablemente las mujeres han venido recuperando el espacio que por milenios usurpamos, poniéndose a la par y, en ocasiones cada vez más frecuentes, superando los estándares de desempeño del género masculino. El deporte ha sido uno de esos escenarios en los que se emparejan paulatinamente las cargas. Y para hacer honor a esta tesis y ser más específico, en esta oportunidad quiero presentarles a una mujer que ha marcado con migajas de triunfos y éxitos el camino de muchas y muchos practicantes de una exigente pero espectacular y adictiva disciplina, como es el parapente. Me refiero a Joanna Di Grigoli, venezolana, deportista de alto nivel, portadora de la divisa venezolana en innumerables certámenes internacionales, con una carrera magistral, inspiradora tanto para mujeres como para hombres amantes del vuelo libre. Les invito a conocer a Joanna, con quien tuve el placer de compartir una conversación muy interesante.


Armando Robledo: ¿Cómo fue esa experiencia que te llevó a volar parapente?


Joanna Di Grigoli: Yo quería volar desde que tenía uso de razón. Estaba obsesionada con el vuelo. Quería hacer ala delta, paracaidismo, volar aviones. En esa época todavía no había parapentes. Lo que había era ala delta. Cuando tenía 3 años vi un Ala Delta por primera vez en un viaje a EEUU con mis papás. Ellos me cuentan que al verlo me quedé impresionada al saber que con eso se volaba. A medida que fueron pasando los años la idea se quedó en mí. Y cuando vi los parapentes pensé que eso era muy divertido por el hecho de poder doblarlo, meterlo en un morral y llevarlo en tu espalda. Eso me gustó mucho más y así seguí viéndolos ya que volaban cerca de mi casa. Cuando cumplí 17 años conocí alguien que volaba Ala Delta y él me dio el teléfono de una escuela de parapente. Inmediatamente llamé a pedir toda la información para llevársela a mi mamá. Su respuesta fue que no podía hacer el curso: “Cuando seas mayor de edad y lo pagues tu misma. Antes no“.


AR: ¿Es decir que tu mamá nunca estuvo de acuerdo con que volaras parapente?


JDG: Claro que no. Y su control sobre mí era por ser menor de edad y el factor económico, así que me dijo que cuando tuviera la edad y el dinero podía hacer lo que quisiera. Mi mamá en ese tiempo sólo me dejó ir a ver un curso, así que fui con una amiga a verlo; allí pude tocar por primera vez un parapente, ver cómo despegaban. Era un curso en los que se hacen pequeños vuelos para practicar despegue, patrón y aterrizaje. Mi mamá pensaba que luego de irme del país para un intercambio, se me iba a quitar la afición por el vuelo, pero no. Así que al regresar de intercambio, aprovechando que instalaron un túnel de viento en Guatire, me dijo: “no puedes hacer lo del parapente, pero sí te voy a llevar al túnel de viento”. Recuerdo que me llevaron, pero era muy tarde pues ya lo habían quitado. Entonces me quedé con la frustración pero con la idea de volar en la mente. Así que seguí averiguando y me mantenía al día con los precios.


Fue muy curioso, porque cuanto tuve 19 años tuve el dinero del curso en mis manos, producto de mi trabajo, pero me acobardé pues me atemorizaba hacerlo sola. Y no tomé el curso en esa oportunidad. Tuve que esperar hasta tener 21 años para cumplir de nuevo las dos condiciones de mi mamá. En ese momento conocí un chico que también se interesó por este deporte y decidimos hacer el curso juntos. Fue amor a primera vista (con el parapente) pues nunca hice un vuelo tandem. Yo estaba clara y lo que quería era ser piloto. Como anécdota, el segundo día de curso, carreteando me elevé y cuando sentí que mis pies se despegaban del piso pensé que era lo máximo; quedé prendada de esa sensación. Reafirmé lo que ya sabía.


AR: Desde ese primer contacto con el parapente, el inicio de ese enamoramiento con este deporte, ¿cuánto tiempo ha pasado?


JDG: Bueno, yo hice mi curso en el año 2000; es decir que completo ya 15 años volando de manera ininterrumpida. Procuro volar todos los fines de semana y aveces vuelo entre semana cerca en un sitio llamado Oripoto. Pero desde hace 10 años, cuando empecé a competir profesionalmente, hay temporadas que paso hasta 3 meses fuera en competencia, volando todos los días si el clima lo permite. He tratado de ser muy constante, sólo el mal tiempo me ha impedido volar. Un mes de agosto llovió mucho y duré todo el mes sin volar. Estaba que me trepaba por las paredes.


AR: ¿Hay alguna sensación o emoción que se mantenga intacta en ti, desde que empezaste a volar parapente?


JDG: La expectativa antes del vuelo. Esa cosquillita que te da en el estómago antes de volar, a pesar de que para mí ya volar es tan natural como ponerme unos zapatos, siempre tengo esa expectativa antes del vuelo porque a diferencia de otros deportes, en el parapente siempre estás en una cancha que varía. Tu puedes volar 100 veces en el mismo lugar y las 100 veces ese vuelo va a ser diferente. Entonces las condiciones cambian, todo cambia. Y mientras te estás vistiendo y preparando el equipo antes de despegar, uno tiene esa cosquillita en el estómago que no se quita. Y creo que el día que no lo sienta, no saldré a volar. Porque voy a estar en una actitud de sobreconfianza y eso es peligroso en este deporte. 


AR: ¿Cuándo comenzaste a competir? 


JDG: Mi primera competencia fue en el año 2002. Al principio no quería competir pues yo no siento que sea una persona tan competitiva, simplemente me encanta volar cross country (distancia) y varios amigos me pedían que me inscribiera “para que aprendas, porque te vas a ver forzada a ir a lugares a donde normalmente no irías y aprendes de los demás” Y yo me inscribí en mi primera competencia, que fue muy frustrante. En ese entonces las competencias se hacían para personas de alto nivel y no se pensaba en los principiantes o intermedios, así que las pruebas eran imposibles. Pero como yo soy más terca que una mula me inscribí en la próxima y así fui mejorando. El ambiente de las competencias es muy chévere y eso como que te engancha también.


AR: ¿Cuál es la experiencia más extrema que has tenido en tu carrera como parapentista?


JDG: Una vez en México, era 2006; estaba volando al final del día y debía pasar a cierto lugar. Me puse un poco loca y arriesgué más de lo necesario pensando que podía llegar a ese lugar. De pronto me encontré sola en medio de un bosque, sin lugar donde aterrizar y a muy baja altura. ¿En qué me metí yo? Pensé. De pronto vi un clarito en medio de ese bosque de pinos altísimos. Un terreno que no alcanzaba ni los 30 metros de diámetro. Mucho más pequeño que la grama de un estadio de Béisbol y completamente confinado entre árboles. Recordé mi gusto por la acrobacia, los wing over y además mis vuelos en El Jarillo, donde el aterrizaje es muy pequeño. Sólo tenia una oportunidad, escogí entrar con un patrón en “O” hice un giro de 360 que se le llama popularmente el giro de la muerte, cuando se pega el estabilo del piso y con esa misma energía llegas al piso. Me salió perfecto. Aterricé de pie y el parapente quedó en un árbol. Bajar el parapente era lo de menos. Yo estaba en el piso perfecta y eso era lo importante. Al día siguiente volvía a pasar por ese lugar, mucho más alto y tomé una foto que conservo para que nunca se me olvide que en esto no se puede ser imprudente porque se puede pagar caro.


Profesional, responsable, trabajadora y nostálgicamente familiar


Un día normal en la vida de Joanna consiste en levantarse a las 7:00 AM y desayunar religiosamente su avena antes de salir a trotar. Corre día de por medio. Entre revisar el correo electrónico y ocuparse de las tareas de una persona normal, con obligaciones, responsabilidades cotidianas y actividades de una mujer profesional normal, pasa los días cuando no está volando. Aunque aveces se escapa entre semana para darse un paseo por el cielo, aprovechando que tiene un despegue relativamente cerca a su residencia. No es así de tranquila su agenda cuando se acerca una competencia, pues los días previos debe estar pendiente de múltiples detalles logísticos como pasajes de avión, solicitud de divisas, en ocasiones estar pendiente de la confección de alguna prenda especial acordada con algún patrocinador, además de estar pendiente de la prensa que le solicita entrevistas, escribiendo algún artículo, seleccionando fotos para enviar a los medios. Es el ajetreo típico siempre antes y después de una competencia.


Joanna es Licenciada en Idiomas Modernos de la Universidad Central de Venezuela, con mención en traducción. Su profesión le ofrece una dinámica muy favorable para la práctica deportiva de alto nivel, puesto que puede llevar su trabajo a donde vaya. Básicamente trabaja por Internet, puede hacerlo mientras vuela y por eso, sé que más de uno, incluyéndome, le tenemos envidia de la buena. Actualmente trabaja para varias reconocidas marcas de parapentes e implementos deportivos como traductora de sus contenidos para el mercado de habla hispana. Una gran fortuna hacer que su vida gire alrededor de una de las cosas que le apasionan.


A pesar de ser una mujer de tradición familiar, por diversas razones sus padres y hermanos se han radicado en otras localidades alrededor del mundo. Así que por ahora, Joanna permanece casi la mayor parte del tiempo sola en Venezuela. La inquietud que me quedó, retomando el aspecto familiar, es ¿Qué opinión le merece a su familia, actualmente, su relación con el parapente?


AR: ¿Qué opina tu mamá ahora del parapente, cuando después de tener sus prevenciones hoy eres una deportista reconocida mundialmente en esta disciplina?


JDG: Mis familiares son mis fans número uno. Les gusta lo que hago porque saben que soy muy prudente y siempre que alguien tiene un accidente les aclaro que en mi caso nunca voy a arriesgar mi vida por unos puntos que no valen nada. Entonces en ocasiones van a verme volar. Mi papá ha volado conmigo en el tandem, mi mamá no se atrevió, pero mis hermanos han volado conmigo. Todos ellos están bastante orgullosos de mí y me encanta tener su apoyo. De hecho yo le agradezco mucho a ellos que no me hayan dado permiso al principio, pues eso me hizo entender que si quería hacerlo realmente debía lograrlo por mis propios medios. Luché, no sólo para conseguir el dinero para el curso, sino para nunca perder las ganas de hacerlo. Yo no soy de las que prefieren que les pongan las cosas en bandejita de plata. Así me parece que los hijos no aprenden a valorar las cosas, pero si les ponen alguna condición, al final como que se valora más. El hecho de haber iniciado con mi propio dinero y haber esperado lo necesario, me hizo valorarlo bastante.


AR: A muchos, quienes practicamos deportes de riesgo controlado, nos tildan de locos y puede ser que en principio muchos no reciban el apoyo ni la motivación para seguir adelante. ¿Qué les dices a ellos?

 

JDG: Si realmente quieren hacer algo en la vida, no necesariamente un deporte extremo, sino cualquier cosa que se propongan en la vida, si es algo que les apasiona y con lo que sueñan, tienen el deber de luchar y nunca rendirse hasta lograrlo. A quienes quieran practicar un deporte de riesgo, deben siempre tener presente que hay que ser muy constante, muy responsables. Deben saber que esto no es patineta. Al final de cuentas estás poniendo tu vida en un pedazo de tela y unas cuerditas. Pero minimizar el riesgo depende exclusivamente de uno. Uno está en control de todas las situaciones. Eso de los vientos raros, no, no, no. Eso no existe. Los accidentes pasan por responsabilidad del piloto. Está en uno ser responsable para no tener accidentes. Yo por ejemplo, en 15 años nunca me he roto un hueso a pesar de que he tenido mis incidencias normales. Porque quiero tener 70 años y seguir volando parapente. Nunca vale la pena arriesgar la vida por unos puntos, o por la gloria. No hay que probarle nada a nadie.


Según Joanna, su vida sin el parapente sería demasiado aburrida. Antes de aprender a volar trabajaba y estudiaba, como cualquier persona, pero el vuelo le dio una perspectiva diferente del mundo, de la naturaleza, e incluso de las demás personas. No en vano el gran científico, artista e inventor Leonardo Da Vinci, escribió: "Una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver." Por eso poner en la mente de Joanna una imagen de vida sin el vuelo es como sacar un pez del agua. “Esa vida de casita, hijos, perro y un trabajo de 8:00 a 5:00 no la veo para mi.


AR: ¿Qué hace, según tu experiencia, una actividad como esta para el carácter de una persona? ¿Qué ha hecho el parapente con la tuya?


JDG: A mi me ha dado muchísimo. Yo por ejemplo antes era una persona muy impaciente y este deporte me ha enseñado a ser paciente. Porque en esta actividad siempre hay que esperar por algo. Por el clima, por las condiciones mínimas para despegar, por muchas cosas. Aveces estamos en el despegue esperando horas a que las condiciones se acomoden. Imagínate estar en la puntica de una montaña esperando para poder volar. De hecho me conocen en el mundo del parapente por ser una persona muy paciente. He sido capaz de aguantar mucho tiempo volando en la ladera de una montaña hasta encontrar la altura necesaria. Una anécdota como esta me sucedió en Mérida, estuvimos cerca de 45 minutos en la ladera tratando de tomar altura. Los pilotos se iban impacientando y aterrizando. Quedamos sólo con Miguel, un amigo, al final logramos tomar altura, llegar a la baliza y terminar la válida. Él me confesó después que nunca se rindió, gracias a que yo nunca lo hice. Además me ha contado que en varias oportunidades en la misma situación, recuerda ese día en Mérida para armarse de paciencia y continuar. También he aprendido a ser tolerante, pues viajando he conocido personas de culturas muy diferentes, tan opuestas a la nuestra, que aprendes a entenderlos. Y si tenía algún prejuicio sobre los estereotipos de otras culturas pues se caen por completo porque al conocerlos puedes entender por qué son como son.


AR: Durante estos años, obviamente debes haber tenido relaciones sentimentales. ¿Cómo ha sido la convivencia entre el gran amor por el parapente y otros amores?


JDG: Bueno ha sido realmente difícil. Estuve casada y a pesar de que mi esposo también volaba siempre había dificultades. Nos separamos por diferentes razones pues yo siempre he sido una persona muy libre. Tal vez demasiado. Mis papás me enseñaron a ser muy independiente desde chiquita. Y tal vez eso me ha convertido en una persona que no depende en ningún sentido de nadie. Por tal razón las relaciones se vuelven difíciles pues yo tengo mis amigos, mi disciplina y por lo tanto no tengo miedo a estar sola. Y ahora que tengo mis proyectos, mis competencias, no quiero estar atada a una persona que me reproche porque me vaya un mes para Europa. He visto durante estos 15 años muchos de mis amigos que tienen problemas con sus parejas porque se van a volar un fin de semana, porque se compran un parapente, y eso me molesta, porque esas personas no entienden que esa es la pasión de su pareja y seguramente van a preferir que vuelva a la casa con una cara de felicidad, a mantenerlo amarrado sin volar, pero amargado todo el día. Entonces ¿en qué consiste una relación? ¿En que las personas sean felices, o no? Claro para poder vivir en pareja tiene que haber equilibrio y cumplir con sus responsabilidades. Como dice mi mamá: “ni calvo ni con dos pelucas”.


AR: Generalmente en los países latinoamericanos y de manera marcada en Venezuela, se mantiene aún una cultura secular con rasgos de machismo. ¿Es posible que en el deporte se manifiesten algunas de estas características?


JDG: Es verdad. Existe el machismo en este deporte. Pero hay una cosa curiosa. He notado más manifestaciones de machismo fuera del país que en Venezuela. Pienso que eso es producto de cierta forma de las legislaciones y su aplicación. Es decir, en Venezuela el que no es machista lo hace porque le nace; en cambio en otros países como las leyes son tan estrictas hay quienes no son machistas porque les obligan a no serlo. Esto crea entonces en esos países una cultura de machismo reprimido que de vez en cuando se manifiesta. Pero está reprimido porque la Ley les exige que no debe existir la discriminación.


Lamentablemente en el parapente las mujeres somos minoría. Es normal que no sea una disciplina atractiva para muchas mujeres principalmente porque las mujeres tenemos un instinto de conservación de la especie mucho más avanzado que el de los hombres, así que nuestro cerebro nos dice: “hey qué haces, no te puedes arriesgar, tu tienes que reproducirte”. En Latinoamérica somos mucho menos mujeres porque hay una cultura machista, arraigada en las mismas mujeres. Pues las mujeres deben ser de cierta forma. Qué es eso de estar agarrando tierra todo el día, llevando sol todo el día, cargando equipo pesado, el pelo, las uñas, en fin. Eso es en el deporte en general por una deficiencia en la cultura deportiva de Latinoamérica.


A mi me encanta ser mujer dentro del parapente porque es muy divertido el trato que tengo con los amigos. Aveces se me olvida que soy mujer porque estoy rodeada de puros hombres y es como que te metes en ese mundo de los hombres y sus conversaciones así como son ustedes los hombres y cuando a ustedes se les olvida que hay una mujer presente pues se pone muy divertido. Siempre he tenido muy buenas experiencias, hay caballeros que me ayudan a cargar el lastre y como soy tan chiquita pues siempre soy como la hormiguita del grupo y surgen situaciones muy divertidas al respecto. Mi condición de mujer ha sido más placentera que otra cosa. 


AR: ¿Eso también puede ser resultado de la forma de tomar las situaciones en las que te encuentras?


JDG: Es una cuestión de actitud. Yo ante la vida jamás me he considerado una víctima. Y conozco mujeres que ante determinadas situaciones en el parapente asumen que son algunas decisiones o situaciones que suceden deliberadamente en contra de las mujeres. Y no es así. Esas son actitudes negativas de personas que creen que son víctimas de las circunstancias.


AR: Pero la contextura física de las mujeres es en promedio más liviana y pequeña. Esto en el parapente ¿influye? y ¿de qué manera?


JDG: Este aspecto es muy relevante. De hecho es el punto en el que siento que hay discriminación. Sobre todo ahora se están tomando decisiones acerca de las tallas de los parapentes homologados. Yo he estado desde hace un año sin posibilidad de volar una vela competitiva, porque de esos parapentes no hay de mi talla. Ser pequeño en este deporte es malísimo. Yo soy pequeña y al ser mujer y de mi talla, no puedo ser pesada. Para mi ser pesada significa ser obesa y eso no es saludable. No es lo mismo un hombre que se pone a hacer pesas y aumenta de peso a punta de músculo. Yo no puedo. Para mi aumentar dos kilos en músculo es una proeza. Es una desventaja ser pequeño y yo lamentablemente soy muy pequeña. Apenas mido 1.55 m y en promedio peso 51 Kg. Es un gran problema.


AR: Pero con toda esa desventaja, has tenido resultados muy exitosos. Cuéntale al público de Xtreme Venezuela cuáles han sido tus recientes logros y los proyectos que te esperan.


JDG: Como te había dicho, en este momento no tengo un parapente realmente competitivo, por lo que me estoy tomando como un receso de las altas competencias, como la copa del mundo. Estoy dedicándome a otros proyectos, asistiendo a abiertos como los del año pasado italiano, belga y británico. Este 2015 voy al Belga y al Británico otra vez. Estoy asistiendo a eventos más pequeños. Unos dos años de descanso no caen mal porque fueron muchos años intensos. Este año me quiero dedicar también al Cross Country, o sea vuelos de distancia libre. Quiero romper mi récord nacional que establecí en 2011 acá en Venezuela, que fue de 160 Km. También me interesa el tema del paramontañismo que consiste en subir una montaña con un parapente pequeñito y volar. Voy a estar este año en eso y espero que en 2016 homologuen parapentes más pequeños para competencia y volvería a las copas del mundo. En el reciente mundial de Roldanillo la pasé muy bien. Obtuve mis mejores resultados en mundial quedando de novena. Estoy muy contenta aunque un poco frustrada por el parapente pues estaba en mucha desventaja con el ala que tenía. Pero aún así no veo la parte negativa. Pues al estar en desventaja andaba acelerando y exigiéndome al máximo detrás de toda esa gente, pisándoles los talones. Eso me hizo volar el doble de rápido de lo que yo generalmente vuelo. No en velocidad sino en la toma de decisiones. Debía decidir muy rápido para mantenerme con ellos. Y los resultados de esa exigencia los vi reflejados en Torococo pues quede de décima en la general y quede de segunda en la categoría serial. Así, viendo el vaso medio lleno, se vieron los resultados.


AR: Tu mensaje final para la gente Xtreme Venezuela.


JDG: A todos los que visitan el Portal de Xtreme Venezuela que estén pendientes de lo que sucede allí. Si tienen curiosidad por el parapente que lo hagan pues siempre me gusta ver más gente en el aire. Ya sea que hagan un vuelo tandem o que quieran seguir esta disciplina, pues háganlo. Y si se deciden a volar, que sean constantes. La constancia es lo más importante, sobre todo durante los dos primeros años de vuelo, pues es el aprendizaje clave. Cualquier cosa que quieran hacer siempre luchen por ello y jamás se rindan.


Varias veces me he encontrado con Joanna durante los años recientes; y estas pocas oportunidades siempre han tenido algo especial. En una oportunidad me aproveché de su patrón de aterrizaje cuando durante un vuelo espectacular desde El Picacho, no encontraba un buen lugar para aterrizar. Vi entonces una pequeña y veloz ala que me marcó el camino y nos encontramos sanos, salvos y felices en tierra. Agradecí entonces haber tenido delante a esta gran piloto venezolana y hoy quiero agradecerle aún más por compartirnos sus experiencias, que amplían sin duda la perspectiva de quienes vivimos el vuelo libre y en general para quienes somos parte de la cultura Xtreme.


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