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Bienvenidos a la “locura” de vivir al estilo Xtreme

12 de diciembre del 2014


Bienvenidos a la “locura” de vivir al estilo Xtreme

Por: Armando Robledo

Cada vez que publico en las redes sociales información sobre mi actividad como piloto de parapente, o sale el tema en conversaciones con personas ajenas a este deporte, es inevitable escuchar al menos una vez el siguiente comentario: “tu si estás loco”. Por eso ahora, ya con demasiadas acusaciones de desequilibrio mental en mi prontuario, he decidido que es momento de presentar mi legítima defensa. Y a pesar de que uno de los síntomas más concluyentes de la peor chifladura es la negación, debo iniciar esta disertación asegurando que ¡no estoy loco!

El Diccionario de la Real Academia Española define la locura de dos maneras. Seleccioné la siguiente: “Acción imprudente, insensata o poco razonable que realiza una persona de forma irreflexiva o temeraria”. Nada más alejado de la condición mental mía y me atrevo a incluir a todas y todos mis hermanos de vuelo. Igualmente sucede con los cientos y miles de venezolanos que bucean, navegan, exploran cuevas, patinan, saltan en paracaídas, corren, escalan, descienden con cuerdas, en bici, surfean, esquían, entre muchas otras actividades que realzan la vida, nos acercan a la naturaleza y nos han dado una perspectiva especial y diferente del planeta, de nuestra propia existencia, de nuestro valor como humanos, de nuestra relación con la tierra y su energía.

Una acción imprudente puede poner en peligro nuestra vida y cualquier persona, deportista extremo o no, es propenso a tomar malas decisiones varias veces al día. El vuelo libre, por ejemplo, es un deporte de riesgo. Es importante, para evitar hacer equivocados diagnósticos psiquiátricos a priori, diferenciar muy bien el riesgo del peligro. El primero puede controlarse y es prácticamente inherente a la vida misma. El ser humano corre riesgos permanentemente. Lamentablemente soy un leimotiv de dicha realidad, puesto que jamás me he lastimado en un parapente, pero tuve una de mis peores fracturas bajando unas simples escaleras. Pero el peligro tiene generalmente las características de irreflexividad, imprudencia e insensatez necesarias para terminar mal y por consiguiente debe separarse por completo de la definición de deporte extremo. ¿Es peligroso el parapente o cualquier otro deporte similar? NO. ¿Conllevan cierto tipo de riesgo para la integridad física? Sí. Con la diferencia de que los riesgos se sopesan y se controlan.

Peligroso es pasar un semáforo en rojo, cruzar la calle sin mirar, ser picado por una abeja siendo alérgico. Hay peligro de morir si fumas 2 cajas de cigarrillos al día, si bebes alcohol todos los días; no usar el cinturón de seguridad y llevar el casco de la moto en el brazo y no en la cabeza, es peligroso. Provocar a un pitbull furioso sin darse cuenta de que la reja está abierta, sin duda es peligroso. No usar preservativo es prácticamente un suicidio. Es irresponsable, temerario, en síntesis, muy loco. En cambio, para hacer su primer vuelo de altura un parapentista debió pasar por un intensivo curso teórico práctico que incluye fundamentos de aerodinámica, meteorología, hasta mecánica de fluidos y bases de termodinámica. Domina la vela en tierra, realiza a la perfección la rutina de seguridad de sus equipos y ha realizado varios vuelos de instrucción; todo lo anterior provisto por un profesional, certificado para dar este tipo de formación. Entender la madre naturaleza y estar preparado para interpretar datos de temperatura, velocidad y dirección del viento, aspectos atmosféricos o simplemente identificar sus propias limitaciones, nivel de instrucción y experiencia, son todas las herramientas con que cuenta un piloto para controlar los riesgos inherentes al vuelo libre. Si presta atención a todas estas variables, no hay ninguna razón para que el riesgo se convierta en peligro. Y claro, los psiquiatras automáticos, esos que diagnostican alegremente la insanía, simplemente ignoran todas las vertientes que han llevado a un deportista “extremo” a su condición sobrehumana. Pero tranquilos, en nombre de todas y todos los cuerdos del planeta, los perdonamos. Al fin de cuentas, la locura tiene también diversas apreciaciones.

Para mí estar loco es privarse conscientemente del privilegio de volar, de la fascinación de explorar nuestro planeta, de nadar con el delfín, de conquistar la roca, de rodar veloz sobre la arena, el pavimento o la montaña. Locura es cerrar los ojos al paisaje, quedarse abajo entre los ruidos infernales de las calles, respirando el humo y escuchando nada más que las quejas y rumores de los seres. De vez en cuando decidimos, quienes orates somos a sus ojos, retornar a la claridad del cielo o sumergirnos en lo profundo de la gruta salina en un rincón hermoso del océano; escuchando nada más que a la milenaria madre de la vida, con voz de silencio o susurro de viento. Cabalgamos una ola, nos deslizamos sobre el agua, ejercitamos nuestro cuerpo mientras la mente se hace fuerte, con estudio, sacrificio, pasión por el deporte, amor por la vida y la naturaleza, con disciplina, dedicación, sacrificio y mucha técnica, práctica, observando estrictamente las normas de seguridad, precisamente para controlar el riesgo y alejarnos del peligro. Todos los seres humanos deberíamos estar así de locos. Si eso es locura, bienvenido pues, acá te damos el curso completo.