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Dos deportes extremos de aire se unen en Placivel

8 de noviembre del 2014


Dos deportes extremos de aire se unen en Placivel

Por: Armando Robledo

No era un sábado común y corriente en las laderas verdosas de Placivel, un punto de encuentro para los amantes del parapente, ya sea quienes disfrutan del vuelo en tandem como pasajero o los pilotos de diversas latitudes venezolanas que se dan cita cada fin de semana para deslizarse entre las olas invisibles que ofrece este majestuoso paraje montañoso del estado venezolano de Aragua.

Todo comenzó como cada sábado cualquiera; el mirador de la casona se va copando minuto a minuto de una atónita diversidad. Con cada despegue se escuchan las exclamaciones de admiración y emocionados, los visitantes le ponen voz a su ansiedad por remontarse, en idiomas tan diversos como sus rostros de ojos fijos y bocas entre abiertas. Pero este sábado estaba lejos de ser un día de saturno como cualquier otro; mezcladas entre la gente, que desprevenida iba de allá para acá, al restaurante, los baños públicos, comprando artesanías, dulces, guantes, llaveros, souvenirs y muchas otras chucherías, se encontraban dos mujeres extremas. Junto al equipo de Xtreme Venezuela llegaron Camila Di Marzo y Kate Álvarez, dos guapísimas paracaidistas venezolanas dispuestas a romper la tradición de vuelo del lugar y realizar un salto base desde parapente.

El Salto Base: una variación aún más extrema del paracaidismo

En conversación previa al vuelo con Camila y Kate, intentamos definir las características de lo que se intentaría. Para empezar, es intimidante la seguridad con la que estas jóvenes temerarias asumen el mayor de todos los riesgos que conlleva llevar al límite la práctica del deporte. -Puedes morir- me responde Kate entre risas. Pero no hay que dejarse engañar por su juventud, la actitud desenfadada, alegre y descomplicada. Contemplaron todo lo que puede salir mal en este intento. Una revisión minuciosa del sitio del aterrizaje, la investigación por medio de testimonios de los pilotos locales sobre las tendencias más comunes del comportamiento del viento en la zona; el reconocimiento del relieve para discernir la incidencia del viento al impactar la geografía y la coordinación de los detalles técnicos con el piloto de parapente encargado de liberarlas en pleno vuelo. Todos los datos que pudieron captar, se convierten en información valiosa al tomar decisiones para las que sólo cuentan con unos pocos segundos.

El salto BASE, según Camila Di Marzo, es una variación mucho más compleja del paracaidismo por cuanto se desenvuelve a alturas mucho menores a las normales y esto implica riesgos como incurrir en un enredo de las líneas que conectan el arnés con la canopia, generalmente producto de una mala posición en el aire. Siempre, aunque mínima, existe la posibilidad de que el paracaídas no se abra, lo que es fatal puesto que en el salto base se usa un solo paracaídas. Debido a la baja altura de apertura, es ilógico llevar paracaídas de reserva, ya que estando tan cerca del piso, no hay tiempo de abrirlo. En el paracaidismo tradicional se alcanzan en caída libre unos 275 Km/h, velocidad que ayuda a estabilizar la posición del paracaidista. Al saltar de menos de 1.000 pies no se alcanza la velocidad terminal y por consiguiente hay un riesgo de abrir el paracaídas en una posición inapropiada con el riesgo de enredarse y no poder tomar los mandos. También se han dado casos de paracaidistas que se quedan enganchados de una pierna poniendo en peligro su vida y la del parapentista. Por eso es vital verificar que se está completamente desconectado del tandem antes de saltar. Pero no hay que alarmarse. Camila también tiene la respuesta a todas estas variables y es la combinación de seguridad y preparación. “Lo primordial es saber muy bien lo que se está haciendo” dijo.

Todo es posible, sólo si la madre naturaleza lo permite

La mañana transcurría entre la ansiedad natural que envuelve la proeza. Se realizaron algunas tomas de referencia para el video oficial de Xtreme Venezuela. El típico cara o sello, dirimieron la diatriba del turno de salto. Para bien o para mal, el primer turno le tocó a Kate; pero lo que ninguno sabía, aunque algunos expertos como el parapentista Frank Tovar, ya intuía, era un movimiento irregular de las masas de nubes en el cielo de nuestro voladero. En instantes la presión por despegar emergió. El medio día llegaba y el sol en su cenit empezaba a ocultarse tras un inmenso cúmulo. Era ahora o nunca. Pero un pequeño retraso con el doblaje del paracaídas, tal vez consumió minutos preciosos. Vinieron los roces y la preocupación. Previendo baja temperatura, Frank presionó al equipo para volar inmediatamente. Kate se vistió muy rápido su traje especial. Con el termómetro y el tiempo en contra, el Director de Xtreme Venezuela, Jonathan Matalón empezaba a preocuparse por tener que preparar toda la logística para este evento nuevamente. La tensión por el empobrecimiento de las condiciones era mayor con cada minuto que pasaba. Y Camila aún debía quedarse en tierra esperando su turno, ya que no logramos conseguir otro parapentista con el nivel suficiente para realizar este vuelo y poder aterrizar pilotando un tandem sin pasajero. Lamentablemente, después de 20 minutos de intentar alcanzar la altura mínima para realizar el salto, Kate tuvo que aterrizar sin cumplir la meta, debido a la baja temperatura que impidió la actividad térmica suficiente para alcanzar los 1.000 pies requeridos. Frustración y algo de enojo, mezclado con la admiración por ser su primer vuelo en parapente, fue el balance para Kate en su intento. Y para Jonathan y el equipo de Xtreme Venezuela no se veía nada prometedor el panorama, ya que las condiciones atmosféricas y meterorológicas insistían en sabotear lo que debía ser una gran aventura. Ya estabamos pensando en tener que repetir todo el plan logístico otro día.

Un rayo de esperanza en el horizonte. El viento divino al rescate

Cerca de las 3:00 pm, cuando pensamos que todo estaba perdido y compensábamos la frustración con las fantásticas tomas aéreas realizadas por el dron de Xtreme, un tímido pero prometedor rayo de sol se filtró por entre la densidad del cúmulo aguafiestas que se adueñó del cielo. Empezamos a ver con emoción como las verdes laderas de Placivel se aclaraban reflejando el calor del astro rey. Las veletas empezaron a inclinarse y saludarnos, como avisándonos la llegada del viento divino, al que le rinden culto las aves de rapiña y le temen los que se conforman con ser presa. Ante la posibilidad de retomar el salto, se activó todo el equipo como con una inyección de adrenalina. Era ahora el turno de Camila para intentarlo. Pedí autorización para despegar primero y así lo hice. Pendiente de la radio y de la vela anaranjada que sabía portadora de la temporal carga, alcancé rápidamente los 1.500 pies de altura y esperé pacientemente. Recordé la conversación con Camila y la vi a lo lejos, seguramente esperando el momento preciso para soltar los herrajes de su silla e iniciar la caída. Pensé también que era la misma joven delicada y exótica que aparece cientos de veces en Internet en sus trajes de baño, la que pasó modelando por Europa, incapaz de tolerar la levedad de las modelos comunes y corrientes; la diseñadora exitosa, la hija del inolvidable Yordano. Y mientras yo pensaba en ella, sus diferentes facetas y el poder de esa personalidad que la llevó a cumplir sus sueños, una voz en el radio interrumpió ese ejercicio mental: -Alcanzamos la altura esperada, pendientes en tres minutos que estaremos realizando el salto-

Era Frank Tovar anunciando que el momento había llegado. Enfilé inmediatamente mi borde de ataque hacia la vela naranja que resplandecía bajo el sol. Me acerqué lo suficiente hasta que pude ver la figura de Camila desprenderse hacia el vacío. Inició el descenso vertiginoso y con el todas las cuestiones más importantes por las que se trabajó todo este tiempo: ¿Se abrirá el paracaídas? ¿Podrá estabilizar su posición para evitar cualquier enredo? ¿Las condiciones de viento le permitirán realizar el patrón de aterrizaje establecido? ¿Hará la maniobra adecuada para aterrizar sin contratiempos?

Misión cumplida y aterrizaje perfecto

Fueron cinco segundos eternos los que transcurrieron entre el salto desde el parapente tandem, hasta que por fin, desde mi posición privilegiada vi salir la campana seguida de la canopia azul. Pude apreciar como en cámara lenta fue entrando el viento por la nariz del velamen y desapareciendo con la presión los pliegues. La tensión perfecta para iniciar un patrón de aterrizaje hacia un espacio relativamente pequeño donde debía tocar tierra. Aún no era momento para cantar victoria. Un sentimiento contradictorio me invade pues quisiera que ese espectáculo durara mucho más tiempo. Esperamos tanto para esto. Y sólo dura 20 segundos. Es injusto. Pero me alegro porque lo estoy viendo desde mi epsilon 6 en una toma cenital inmejorable; justo arriba de Camila, puedo ver como va describiendo las elipses mientras pierde altura, lentamente. Y se acerca a su destino, apuntándole al verde claro del aterrizadero demarcado por algunos vehículos impertinentes y varios amigos que le esperan sentados en un mobiliario inflable; relajados, esperando al alma de la reunión que llegará literalmente caída del cielo en sólo unos segundos. Camila toca tierra en el lugar establecido y corre aún con la canopia inflada hacia la sala improvisada. Yo estoy a 100 metros de altura, pero creo escuchar las risas, compartí desde el cielo la satisfacción, la emoción y la alegría de ese vuelo, mientras varios pilotos se sumaban a la danza, como en una coreografía diseñada para completar el mágico momento; aterrizando uno tras otro luego de espirales radicales y wing over. Ya en tierra, saludé a Camila y a su gente, agradecido por la transfusión de energía vital. Y agradecido con Venezuela y con la vida, por permitirme ser parte de la vida Xtreme.